Tossa de Mar Castle & Tower


Miles de personas fotografían sus murallas cada verano. Pocos saben que esas piedras fueron construidas por miedo, que bajo sus calles hubo una ciudad romana y que el mito de Hollywood llegó después de siglos de guerras y marineros.


EL PUEBLO PERFECTO QUE ESCONDE UNA HISTORIA INCOMODA

Muchos llegan a Tossa pensando en la postal perfecta: murallas, playa, barcas de pescadores y fotos al atardecer. Pero debajo de esa imagen turística hay una historia bastante más interesante y, en algunos puntos, más oscura.

La “villa medieval” no es el principio: Tossa es mucho más antigua

Fotos: Benajmain Millan

LA IGLESIA DESAPARECIDA EN EL RECINTO AMURALLADO

La “iglesia desaparecida” del monte de Tossa de Mar se refiere a la antigua iglesia medieval de Sant Vicenç, situada en la Vila Vella (la parte alta amurallada).

Fue construida en estilo gótico entre los siglos XV y XVI como parroquia principal de Tossa. Durante siglos fue el centro religioso del pueblo, dentro de las murallas. Con el crecimiento de la población, la iglesia se quedó pequeña y se fue abandonando poco a poco cuando se construyó el nuevo templo en la zona baja del pueblo en el siglo XVIII.

Su desaparición se debe a varios factores: el abandono, el paso del tiempo y, sobre todo, su uso como almacén en épocas de conflictos. En el siglo XIX sufrió una gran explosión accidental que destruyó gran parte del edificio, dejando solo restos visibles como muros, el ábside y algunas estructuras.

Hoy en día no existe como iglesia completa: lo que se puede ver en el monte son ruinas integradas en el paisaje de la Vila Vella, que recuerdan su importancia histórica y el origen medieval de Tossa.


La llegada de Ava Gardner para rodar Pandora y el Holandes errante

La llegada de Ava Gardner con James Mason a Tossa de Mar en 1950 para rodar Pandora and the Flying Dutchman convirtió la villa en un escenario cinematográfico internacional. La actriz, acompañada por el equipo de rodaje, quedó fascinada por la belleza de la costa, sus calles medievales y el paisaje mediterráneo. Aquel momento marcó la historia de Tossa, que pasó de ser un pueblo marinero a un destino ligado para siempre al glamour del cine.


El pueblo de pescadores-El secreto más olvidado

Antes del turismo y las postales, Tossa de Mar era un pequeño pueblo de pescadores que vivía mirando al mar. Sus calles, su puerto y su vida cotidiana giraban en torno a las barcas, las redes y la fuerza del Mediterráneo.

Pocos recuerdan hoy este pasado humilde, donde la pesca marcaba el ritmo de la vida y la comunidad sobrevivía gracias al conocimiento del mar. Entre calas, acantilados y tradiciones marineras, nació la identidad más auténtica de Tossa.

Un legado casi olvidado que aún late bajo la historia medieval y el brillo turístico: el alma marinera de la Costa Brava.

LA TORRE DELS MOROS

La Torre dels Moros representa aquella época en la que la costa debía estar preparada para defenderse en cualquier momento. Sus piedras no cuentan una gran batalla, sino una historia más silenciosa: la de hombres y mujeres que miraban al horizonte esperando descubrir si el próximo barco traía comercio, noticias… o peligro.


La Vil·la Romana dels Ametllers (Tossa de Mar)

La Vil·la Romana dels Ametllers no era solo una lujosa residencia romana: era una auténtica “empresa agrícola” de élite que impulsaba la economía de la Costa Brava hace más de 2.000 años.

Detrás de los mosaicos y las estancias nobles, funcionaba una compleja red de producción de vino, aceite y alimentos destinada a la exportación por todo el Mediterráneo. Una parte de la villa estaba dedicada al lujo de sus propietarios, pero la otra era un centro de trabajo organizado con sistemas hidráulicos, almacenes y zonas de prensado que la convertían en un motor económico de la antigua Tossa de Mar (la antigua Turissa).

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LA VILA ROMANA DE PALOL

Lo más sorprendente —y poco conocido— es que no era una simple villa rural, sino una pieza clave del comercio romano en la región, conectada con rutas marítimas internacionales y con un nivel de organización casi “empresarial” para su época.

Hoy, sus ruinas esconden esa doble realidad: lujo y poder por un lado, producción y trabajo invisible por el otro. Y precisamente ahí está su secreto mejor guardado.


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